Todos tenemos a
nuestras espaldas un guardián que vela por nosotros. Dependiendo de la cultura
recibe diferentes nombres: Espíritu Protector, Ángel de la guarda, Genio, etc.
Lo que realmente
importa es que, independientemente de si uno cree o no en la existencia de un
dios o dioses, lo cierto es que este protector individual existe y está
dedicado casi exclusivamente a su protegido.
Quizás alguna vez
sentiste un presentimiento sobre algo malo que podía pasarte y algo te dijo que
actuaras para evitarlo. Y efectivamente después lo malo ocurrió. Quizás también
te pasó que en un momento de desánimo, algo en tu mente te devolvió la alegría.
O quizás de repente una idea floreció en tu mente para solucionar algún
problema.
En todas estas
situaciones, tu Espíritu Protector estaba comunicándose con vos para ofrecerte
la mejor opción en cada caso. Y es que no hay que olvidarse de que su
existencia no nos priva del libre albedrío, ya que siempre podemos elegir si
hacerle o no caso a esa voz que nos habla.
Estos seres están
con nosotros desde nuestro nacimiento, o quizás desde antes de nacer, y pueden
ser más de uno. Sus misiones son varias: protegernos de aquello de lo que no
podemos protegernos nosotros mismos, por ejemplo otros seres en su plano de
existencia que quieran perturbarnos; guiarnos espiritualmente por el camino que
debemos andar, dependiendo de si tenemos o no un destino marcado; y
excepcionalmente, defendernos de peligros en nuestro mundo, el mundo físico.

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